Según los escritos de Elena G. de White, no se especifica un número exacto de veces que Jesús oraba "formalmente". En cambio, sus escritos describen la oración como una parte constante y vital de su vida, un hábito continuo más que un número fijo de rituales.
Ella enfatiza que Jesús oraba con frecuencia, a menudo por la noche o muy temprano en la mañana, y siempre antes de eventos importantes.
Aquí hay algunas citas que describen la vida de oración de Jesús:
* **Una vida de comunión constante:** "Ninguna otra vida estuvo tan llena de trabajo y responsabilidad como la de Jesús; sin embargo, ¡cuán a menudo se le encontraba en oración! ¡Cuán constante era su comunión con Dios! Una y otra vez en la historia de su vida terrenal se encuentran registros como estos: 'Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.' 'Y se retiraba a lugares desiertos, y oraba.' 'En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.'" (
DA 362.3).
* **Oración antes de momentos cruciales:** "Cuando Jesús se preparaba para alguna gran prueba o alguna obra importante, recurría a la soledad de las montañas y pasaba la noche en oración a su Padre. Una noche de oración precedió a la ordenación de los apóstoles y al Sermón del Monte, a la transfiguración, a la agonía del tribunal y de la cruz, y a la gloria de la resurrección." (
MH 509.1).
* **Una necesidad diaria:** "De las horas pasadas a solas con Dios, salía mañana tras mañana para llevar la luz del cielo a los hombres. Diariamente recibía un nuevo bautismo del Espíritu Santo." (
MH 55.2).
En resumen, Elena G. de White no presenta la oración de Jesús como un número contable de actos formales, sino como el fundamento de su vida y ministerio, una comunión ininterrumpida con su Padre.