Insights from Ellen G. White's Writings
Elena G. de White enfatiza que la búsqueda de compañía es una inclinación natural del ser humano, pero advierte que el poder de estas relaciones es profundo y a menudo subestimado. La fuerza de una amistad determina directamente el grado de influencia que las personas ejercen entre sí, ya sea para fortalecer el carácter o para degradarlo (1TT 585). Esta conexión es descrita como un vínculo misterioso donde los sentimientos, gustos y principios de los amigos terminan mezclándose de forma casi imperceptible (BEcho December 15, 1893, par. 1). La calidad de la conversación dentro de estas amistades es un indicador crítico de su impacto espiritual. Cuando el intercambio entre amigos cristianos se centra en temas divinos y en la mejora del intelecto y el corazón, la relación produce satisfacción y bienestar (1TT 492.2).
Por el contrario, si el tiempo se malgasta en la ligereza, la charla vana o la crítica hacia los demás, la influencia mutua se convierte en una fuente de mal que perjudica la vida espiritual (CCh 174.2). El impacto de las asociaciones es particularmente decisivo en los jóvenes y en entornos educativos o institucionales. White señala que la mente retiene las impresiones de sus asociados de la misma manera que la cera retiene la figura de un sello (BEcho December 15, 1893, par. 1). Por lo tanto, las compañías elegidas, junto con los principios y hábitos que se adoptan a través de ellas, tienen el poder de decidir no solo la utilidad de una persona en esta vida, sino también su destino eterno (MH 402.3).
Cada individuo emite una atmósfera espiritual que puede ser saludable o estar contaminada por principios contrarios a la justicia. En lugares donde muchas personas trabajan o estudian juntas, es imperativo buscar compañeros que cultiven prácticas correctas, ya que todos, inevitablemente, influirán en otros y serán influenciados a su vez (4T 587). La elección consciente de amistades que eleven el espíritu es, por tanto, esencial para el desarrollo de un carácter firme y una fe vibrante (CT 220).
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