Busca la historia del pastor daniels y la carta que elena le envio desde australia

La relación entre Ellen White y el pastor A. G. Daniells durante los años que ella pasó en Australia fue fundamental para el desarrollo de la obra adventista en esa región. Daniells, quien se desempeñaba como presidente de la Unión de Australasia, trabajó estrechamente con ella en la planificación de instituciones educativas y en la gestión de crisis eclesiásticas. En sus registros, se destaca cómo ambos compartían la visión de establecer escuelas para capacitar obreros que llevaran el mensaje a las islas del mar (3MR 250.1). Durante este periodo, surgieron desafíos significativos, como situaciones de apostasía en iglesias locales. En una ocasión, tras recibir noticias de Daniells sobre problemas en Adelaida, se coordinaron movimientos rápidos de personal para contrarrestar la influencia de aquellos que habían abandonado el mensaje del tercer ángel (9MR 357.3). La comunicación entre ellos era constante, ya fuera mediante telegramas o cartas, para organizar el trabajo misionero y la defensa de la fe (EA 311.4).

Uno de los momentos de mayor presión financiera ocurrió durante la construcción de la escuela en Cooranbong. Mientras Daniells recorría las iglesias buscando fondos, la situación económica parecía no tener salida, con deudas apremiantes y falta de crédito bancario. A pesar de estas dificultades, Daniells reportó con fe el progreso de la obra en Australasia ante la Asociación General, destacando el compromiso de los miembros locales para expandir el mensaje a nuevos territorios (LS 372). Incluso años después de su estancia en Australia, Ellen White continuó enviando correspondencia a Daniells con instrucciones y aliento sobre la administración de la iglesia y la selección de maestros para las instituciones educativas (LLM 388.1). Ella enfatizaba la importancia de que él revisara los testimonios escritos para encontrar guía en su labor como líder (21MR 19.5).


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La situación en torno a Anna Phillips representó un desafío significativo para el liderazgo de la iglesia a principios de la década de 1890, especialmente debido a la confusión que generó entre los creyentes y algunos ministros destacados. Se advirtió con firmeza que las supuestas revelaciones de Phillips no llevaban la firma del cielo y que aceptar tales manifestaciones era un peligro que ya se había enfrentado en los inicios del movimiento adventista (2SM 86.1). La preocupación principal radicaba en que estas producciones se estaban mezclando con los testimonios auténticos, lo que podía llevar a la gente a responsabilizar a la mensajera del Señor por la influencia y los efectos de las palabras de Phillips (PC). El problema se agravó cuando algunos líderes comenzaron a dar validez pública a estas visiones. Se recibieron informes de que se estaban leyendo las revelaciones de Anna Phillips ante las congregaciones de una manera que daba la impresión de que se trataba de escritos de Ellen White, solo para que los oyentes descubrieran después que el origen era totalmente distinto (14MR 200.1).

Ante esto, se emitió una protesta formal contra este "trabajo de mezcla", instando a los hermanos a presentar únicamente la evidencia de la Biblia y a no fortalecer la oposición externa mediante el uso de estas supuestas visiones (PC). Desde Australia, se enviaron mensajes directos para corregir a quienes estaban impulsando este movimiento, señalando que personas como el hermano Rice estaban actuando fuera de las líneas señaladas por Dios y perjudicando a la propia Anna Phillips al alentarla en una obra que no resistiría la prueba divina (14MR 189). Se enfatizó que el pueblo debía ser educado para escudriñar las Escrituras y mirar a Jesús como guía, en lugar de depender de agentes humanos o de revelaciones diluidas con imaginaciones y dispositivos humanos (14MR 192.2).

Finalmente, se aclaró que el origen de estas manifestaciones no era divino y que incluso se basaban en interpretaciones erróneas de la Biblia provenientes de fuentes deficientes (1888 697). La instrucción fue clara: no se debía llamar la atención del pueblo hacia Anna Phillips ni presentar sus afirmaciones como verdaderas, ya que el Señor ya había hablado a través de los testimonios establecidos y no era necesario recurrir a fuentes espurias o falsificadas que carecían del control del Espíritu de Dios (14MR 200).


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