Insights from Ellen G. White's Writings
La perspectiva de Elena White sobre la oración por aquellos que rechazan la verdad no es una instrucción de abandonar la intercesión, sino más bien un reconocimiento de la libertad de elección humana y las consecuencias de la obstinación. Ella destaca que existen profundidades de terquedad en el alma que rechaza la luz, las advertencias y todas las oraciones ofrecidas en su favor (1888 1661.1). Aunque el esfuerzo humano y la oración son vitales, el individuo tiene el poder de cerrar su corazón a la influencia divina, lo que deja a quienes intentan ayudar en un estado de desánimo ante la oscuridad que la persona elige (TM 352.2). La autora enfatiza que Dios mismo respeta la voluntad humana, incluso cuando esto causa dolor divino. Ella describe cómo Jesús lloró sobre Jerusalén porque sus habitantes no quisieron ser reunidos bajo su protección, ilustrando que la resistencia persistente anula los beneficios que Dios desea otorgar (YI July 26, 1894, par. 1).
Cuando las personas se determinan a seguir en la dureza de su corazón y se niegan a ver la luz, llega un punto en que Dios retira gradualmente el poder restrictivo de su gracia (YI May 25, 1899, par. 10). En lugar de sugerir que se deje de orar por los demás, sus escritos instan a una intercesión que reconozca que solo Dios puede romper las "bandas de hierro" del corazón y abrir los ojos ciegos para que disciernan la naturaleza del sin (1SAT 378.4). La responsabilidad del creyente es velar y orar para que su propio temperamento y voluntad estén sometidos a Dios, ya que la falta de práctica de la verdad hace que esta pierda su poder en la vida de quien intenta ministrar a otros (TM 352.2).
La oración debe continuar, pero con el entendimiento de que cada alma sufrirá la penalidad de sus propios pecados si decide no aceptar la salvación (EW 178.1).
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