Elena de White enseñó claramente que la obra de Dios no debe depender de unos pocos, advirtiendo que . Ella instó a que las responsabilidades se distribuyan para asegurar la estabilidad y el crecimiento de la causa de Dios.
En sus consejos, ella señaló el peligro de acumular demasiadas tareas en un solo individuo. Por ejemplo, al referirse a un caso donde un médico también actuaba como administrador, escribió que . Según su perspectiva, Dios no se agrada cuando se permite que una sola persona lleve una carga tan pesada que su salud o la obra misma corran peligro, pues .
Además, White enfatizó que cada individuo tiene el deber de desarrollar sus propias capacidades en lugar de depender del juicio de los demás. Ella exhortó: **"No dejen que otros sean cerebros por ustedes"** (
MM 64.3), explicando que al ejercer cada facultad, incluso en cosas pequeñas, se adquiere mayor poder para soportar responsabilidades más grandes (
MM 64.3). Este crecimiento es esencial para que los creyentes se conviertan en personas en quienes se pueda confiar y que posean una **"energía constante, uniforme e inquebrantable"** (
MM 64.3).
Para la aplicación práctica, esto significa que los líderes deben delegar y capacitar a otros, mientras que cada miembro debe estar dispuesto a . El objetivo es mantener el , evitando que la obra se detenga o sufra por la falta de preparación de nuevos obreros.
En conclusión, compartir las cargas no solo protege la obra de errores humanos y del agotamiento de los líderes, sino que es el método divino para fortalecer el intelecto y el carácter de todos los que participan en ella.
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