Insights from Ellen G. White's Writings
Ellen White enseñó que la temperancia no es solo una cuestión de salud personal, sino un deber moral y religioso que afecta nuestra capacidad para discernir las cosas sagradas. Ella enfatizó que cada creyente debe ser estrictamente temperante, ya que los hábitos erróneos nublan el sentido moral y permiten que el apetito se convierta en la ley que gobierna la vida (GosHealth November 1, 1897, par. 1). Esta responsabilidad individual es fundamental para preservar el templo de Dios y mantener la fuerza física y mental necesaria para el servicio divino (NPUGleaner April 14, 1909, par. 1). En cuanto a la postura pública y la influencia social, ella instó a quienes defienden la temperancia a no permanecer en la retaguardia. Ante el avance de los defensores declarados de la intemperancia, los creyentes tienen la obligación de pasar al frente y mostrarse firmes en favor de la reforma (Te 233.4).
Esta firmeza implica no dar ni la más mínima influencia que pueda favorecer este mal, reconociendo que nuestra responsabilidad se extiende hasta donde alcance nuestra influencia sobre los demás (BEcho March 1, 1887, par. 1). La educación y la acción decidida son presentadas como herramientas esenciales para combatir este flagelo. White señaló que es necesario adquirir conocimiento sobre cómo vivir para estar fortalecidos contra el mal de la intemperancia, el cual sigue en aumento a pesar de los esfuerzos por prevenirlo (PHJ May 1, 1902, par. 1). Al igual que Daniel, los jóvenes y adultos deben realizar esfuerzos decididos y cooperar con Dios para resistir las tentaciones sociales y mantener la integridad moral (YI September 24, 1907).
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