Insights from Ellen G. White's Writings
El concepto del yugo desigual se presenta como una advertencia fundamental para la vida espiritual, indicando que las alianzas con el mundo representan un peligro latente para la fe. Se describe que estas uniones a menudo marcan el fin de la utilidad religiosa y de la experiencia espiritual de los jóvenes, ya que, aunque intenten mantener su vida cristiana, deben luchar constantemente contra una influencia que los empuja en dirección opuesta (MYP 453). Esta advertencia no se limita exclusivamente al matrimonio, sino que abarca cualquier relación íntima de confianza o sociedad con personas que no aman a Dios ni a la verdad, considerándose tales vínculos como una trampa para el creyente (5T 13.1) (T31 9.1). A menudo se intenta justificar estas uniones bajo la premisa de que la persona no creyente es favorable a la religión o posee excelentes cualidades personales. Sin embargo, se advierte que en la gran mayoría de los casos la inclinación personal triunfa sobre el buen juicio, lo que da inicio a una decadencia espiritual desde el momento mismo del compromiso (CCh 121) (LYL 89.2).
Cuando se elige a un compañero terrenal por encima de los principios divinos, se corre el riesgo de que el fervor religioso se apague y que, finalmente, se excluya a Jesús del hogar, perdiendo el respeto por momentos sagrados como la hora de la oración (1TT 574.3). Existe también la esperanza ilusoria de que el cónyuge no creyente aceptará la fe después de la boda, pero la realidad suele ser que, una vez alcanzado su objetivo, la persona se aleja aún más de la verdad, convirtiéndose en un instrumento para apartar al creyente de su camino (LYL 80). La instrucción bíblica es clara al prohibir el matrimonio de cristianos con personas impías, enfatizando que no puede haber una comunión real entre la justicia y la injusticia (PP 175.1) (LYL 87.2).
Para quienes ya se encuentran en un matrimonio y se convierten posteriormente, la responsabilidad cambia. En estos casos, la conversión impone una obligación aún más fuerte de ser fieles al compañero, tratando de ganar al no creyente mediante un espíritu de amor y mansedumbre (MYP 464.2). No obstante, incluso en estas circunstancias, los requerimientos de Dios deben permanecer siempre por encima de cualquier relación humana, sin importar las pruebas o persecuciones que puedan surgir como consecuencia de esta fidelidad (PP 175.1).
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