Insights from Ellen G. White's Writings
Durante el período de la Guerra Civil estadounidense, se analizó con detenimiento la postura de Inglaterra y su posible intervención en el conflicto. Se percibía que esta nación evaluaba cuidadosamente si le resultaba ventajoso aprovechar la debilidad de los Estados Unidos para iniciar una guerra, mientras sondeaba la reacción de otras potencias (1T 259.1). Existía el temor de que, al involucrarse en un conflicto externo, Inglaterra quedara vulnerable en su propio territorio, permitiendo que otras naciones buscaran venganza por injusticias pasadas (1T 259.1). La observación internacional sobre el conflicto estadounidense era de disgusto y asombro ante la ineficiencia y el enorme sacrificio de vidas sin logros claros (1T 367.3).
Se señala que si el objetivo real de la guerra hubiera sido la exterminación de la esclavitud, Inglaterra habría estado dispuesta a colaborar con el Norte (T07 9.1). Sin embargo, al percibir que el propósito era meramente preservar la Unión —manteniendo un sistema de esclavitud que se consideraba peor que cualquier tiranía monárquica—, Inglaterra no encontró interés en apoyar dicha preservación (T07 9.1). A pesar de las tensiones políticas y los preparativos bélicos globales, se enfatiza que existe una responsabilidad espiritual superior hacia el pueblo inglés. Se describe a Inglaterra, y específicamente a Londres, como campos misioneros que han sido terriblemente descuidados y que requieren urgentemente de más laboradores y recursos para difundir la luz de la verdad (MTC 177.2).
Este descuido en la obra religiosa es un asunto que el Señor toma en cuenta, especialmente mientras las naciones se preparan para conflictos generales y confusión (Ev 415.3) (GCB April 1, 1899, par. 17). En un contexto más amplio, la agitación de las naciones y los preparativos para el derramamiento de sangre se interpretan como señales de que el mundo se encuentra en un estado inestable previo al gran día de Dios (3MR 313.1). Aunque las potencias mundiales planean conflictos, se sostiene que los vientos de guerra son retenidos por ángeles celestiales hasta que se complete una obra espiritual específica en la humanidad (3MR 313.1).
La falta de arrepentimiento y el desprecio por la ley divina son vistos como las causas fundamentales de los horrores que las naciones, incluso aquellas que se llaman cristianas, llevan a cabo en el escenario mundial (YI September 22, 1903, par. 10).
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