Insights from Ellen G. White's Writings
Elena G. de White destaca que existe una relación sumamente íntima y profunda entre la mente y el cuerpo, señalando que lo que afecta a uno inevitablemente repercute en el otro (CH 28.2). Ella explica que la condición mental es un factor determinante para la salud física; por ejemplo, un estado de ánimo libre y feliz, nacido de la satisfacción de hacer el bien a los demás, genera una alegría que mejora la circulación sanguínea y fortalece todo el organismo (CTBH 13.3). La salud emocional también depende de la actividad mental y el ejercicio de la voluntad. Se describe que el cerebro posee una fuerza vital que, al mantenerse activa, ayuda al cuerpo a resistir enfermedades (Ed 197.2).
Por el contrario, las emociones negativas como la ira, el descontento y el egoísmo tienen un efecto destructivo y deprimente sobre la salud, mientras que la gratitud y el desinterés actúan como agentes dadores de vida (CCh 209.2). Asimismo, se enfatiza que el vigor mental y espiritual está estrechamente ligado a la fortaleza física. Cualquier hábito que debilite el cuerpo también termina por debilitar la mente, reduciendo la capacidad de la persona para distinguir entre lo correcto y lo incorrecto (MYP 235). Por esta razón, el cuidado de la salud debe considerarse tan importante como el desarrollo del carácter, ya que una mente equilibrada es esencial para cumplir con nuestras obligaciones hacia Dios y hacia nuestros semejantes (MYP 231).
Finalmente, la conexión con el Creador se presenta como el fundamento de la verdadera salud y felicidad. El bienestar emocional no solo proviene de hábitos físicos correctos, sino de una relación personal con Dios, quien es la fuente del poder sanador (MH 7). La conciencia de estar haciendo lo correcto y la bendición divina actúan como un bálsamo que trae alegría y vitalidad tanto al corazón como a la vida entera (T26 80.2).
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Para el cuidado de la salud emocional, se recomienda cultivar activamente un espíritu de gratitud, alegría y abnegación. Estas cualidades no son solo rasgos de carácter, sino que actúan como agentes vitalizadores que fortalecen el sistema inmunológico y ayudan al organismo a resistir enfermedades (Ed 197.2). Por el contrario, se advierte que emociones como la ira, el descontento y el egoísmo tienen un efecto deprimente y destructivo sobre la salud física (CCh 209.2). Un consejo fundamental es el ejercicio de la voluntad para dirigir los pensamientos. Se nos insta a habituarnos a pensar de forma positiva y alegre, lo cual genera una reacción física inmediata que mejora la circulación sanguínea y tonifica todo el cuerpo (SA 123.3).
Esta disciplina mental es especialmente necesaria para contrarrestar la depresión y la tristeza, las cuales se identifican como causas principales de diversas dolencias físicas y del debilitamiento del alma (T14 90.2). El cuidado del cuerpo es también un pilar para la estabilidad emocional. Se aconseja mantener hábitos de vida saludables, como asegurar la provisión de aire puro y el ejercicio físico, ya que la debilidad corporal nubla el juicio y hace que la persona sea más propensa a la ansiedad y al nerviosismo (HR February 1, 1877, par. 8). Asimismo, se destaca que una dieta nutritiva y no estimulante es esencial para mantener los nervios calmados y un temperamento equilibrado, facilitando así el autocontrol (HR May 1, 1877, par. 3).
Finalmente, se enfatiza que es un deber sagrado dedicar tiempo al cuidado de la salud para recuperarse del agotamiento mental y del exceso de trabajo (5MR 105.2). Mantener el cuerpo en las mejores condiciones físicas permite que las facultades mentales y espirituales alcancen su mayor potencial, asegurando que los impulsos y pasiones permanezcan bajo el control de las influencias superiores (COL 346).
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